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Cuando los primeros explotadores llegaron a Brasil,
el objeto de deseo mayor era el oro, metal precioso bastante para
mantener el lujo de las cortes europeas. Los viajes pioneros por
la costa y incluso para el interior fueron frustantes. Nada parecía
haber en aquella tierra además de naturaleza pródiga,
tierra fecunda y indios paganos. Calidades éstas, de hecho,
para las cuales que los explotadores dieron pequeñas o ninguna
importancia.

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Fue en el contacto con los indios que los extranjeros
se dierón cuenta que algo de muy valioso se escondia
en las entrañas de Brasil. No les faltaron las historias
sobre una tierra distante, donde el oro brotava en el lecho
de los ríos. En el alto de las montañas podrían
quitarse piedras de colores magníficos, verde y azul...
El nombre de una de esas montañas era Sabarabuçu,
pero había otras, muchoas otras.
La Corte de Portugal desincentivava las jornadas
por el interior con temor de que la corrida se les quitase
el control sobre lo que podrian venir a descobrir. Pero no
fue posible sujetar la fuerza de las leyendas que finalmente
demostrarían ser la más pura verdad. Las primeras
expediciones, conforme consta en algunos estudios, se dierón
ya en el siglo XVI. Ellas no fueron bien sucedidas y muchos
aventureros no regresaron para contar lo que vierón
en la tierra virgen y hostil. Sólo en el final del
siglo siguiente se daria el descubrimiento de las primeras
y tímidas yacimientas de metales.
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"Bandeira" (Bandera) era el nombre de las grandes
incursiones para el país en aquellos tiempos. Las "banderas"
que penetraran Minas inicialmente salieron de la meseta de Piratininga,
en el estado de São Paulo. La de Fernão Dias, en 1674,
tenía por finalidade encuentrar Sabarabuçu, el Eldorado.
Fueron siete largos años de trabajo arduo, en el qué
pocas piedras fueron encontradas. Sin embargo, la jornada revelaró
gran parte del inmenso territorio. De los sitios para el descanso
de las tropas de Fernão Dias surgierón más
tarde núcleos poblados cuyo papel fue fundamental para la
colonización del estado.
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Fernão Dias se murió en 1681, en
las proximidades de la ciudad de Caeté, quizás
frustrado por no haber encontrado las esmeraldas que buscava.
Quizás hubiera pensado que el oro y las piedras eran
más al norte, todavía más distante en
las entrañas de Brasil. Pensó se asi pensó
se equivocó. Mal sabia el que había localizado
Sabarabuçu y que sólo le faltó buscar
un poquito mas. Sus compañeros continuarían
su trabajo, entre ellos su hijo Garcia Rodrigues Paes y su
yerno Borba Gato que abrierón importantes caminos para
el interior.
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El oro hace brotar del suelo un historia
| La producción
de oro en Minas Gerais |
1697
1699
1705
1715
1739
1744
1754
1764 |
115 Kg
725 Kg
1,5 Ton
6,5 Ton
10 Ton
9,7 Ton
8,8 Ton
7,6 Ton |
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El tan soñódo oro finalmente seria encontrado
en los fines del siglo XVII. Y era mucho, mucho oro, minas opulentas.
El más probable es que el descubridor haya sido una persona
de São Paulo, Antonio Rodrigues Arão que no pudo concluir
su hecho debido a la animosidad de los indios que el cazaba. Bartolomeu
Bueno de Siqueira asumió, con la información que recibió,
la búsqueda para el metal. El descubrió en 1694, en
los abrededores de Itaverava, yacimientos de cuyas amuestras de
oro fueran llevadas para Río de Janeiro, para la apreciación
del Gobernador que tenía jurisdicción en todos los
descubrimientos.


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El 23 de junio de 1698, la bandera comandada por
Antônio Dias de Oliveira llegó a los pies de
un pico, llamado Itacolomi. Allí se havian las fundaciones
de una ciudad fabulosa para cuyas calles viajarían
el oro y los ideales de libertad: nacia la inovidable Vila
Rica (Villa Rica, Ouro Preto actual), que fue capital de la
provincia hasta el final del siglo XIX. En 1709 fue criada
la Capitanía de São Paulo y Minas de Ouro (San
Paulo y las Minas de Oro). Al principio de la minería,
el oro encontrado en el lecho de los ríos forzó
a los buscadores a vivir su como nómadades. Agotado
el oro se fueron para otros sítios más lucrativos.
La población se encuentraba dispersa. Los inmigrantes
venian de toda parte, ansiosos por hacer riqueza en aquel
nuevo Eldorado. Cuando el oro empezó a quedarse escaso
en los ríos, el extracto pasó para las cuestas
de las montañas. El trabajo de excavar exigió
que los minerador se fijasen. Las minas fueron apareciendo
y cerca de ellas los núcleos poblados. El oro parecía
brotar en toda parte. Sabarabuçu, Cataguás o
Cataguases, Caeté, del Río Mortes (Río
de las Muertes), Itambé, Itabira, Ouro Preto, Ouro
Branco (Oro Blanco) etc. Eran finalmente muchas minas, o mejor
decir Minas Gerais (Minas Generales). Ya en 1701 el nombre
empezó a ser usado, haciéndose oficial en Carta
Real de 1732.
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La ambición de los inmigrantes origina el primer
grande conflicto por el oro: la guerra de los emboabas que envulvió
paulistas y otros inmigrantes. Debido a eso, la Corona portuguésa
creó en 1720 la Capitanía de las Minas, desmembrada
de São Paulo. Pasó a controlar duramente el extracto,
recogiendo 20% de todo lo que era producido, el llamado quinto (quinto).
Las actividades agrícolas y manufatureras no existian prácticamente.
Simplemente una agricultura de subsistencia y creación de
animales pequeños, como el cerdo. Los demas productos llegavan
a los sitios de mineracion lomo de asnos. La provincia creció
rápidamente y con ella la falta de los productos de primero
necesidad. Los mercadores de viaje también se establecierón
en los pueblos. El primer gran mercado consumidor de Brasil apareció.
Todo se comercializava, de esclavos africanos al género importado
de Europa. La apertura del Caminho Novo (nuevo camino), por Garcia
Rodrigues Paes, intensificó todavía más el
cambio de géneros y se unio a Río de Janeiro a las
áreas mineradoras. El oro hizo con que la capital de la Colonia
si transfiriera de Salvador, en Bahia, para la ciudad de Río
de Janeiro en 1763.
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La intensa mezcla de personas tan diferentes en
un mismo ambiente impulsionados por el poder del oro, dió
inicio a una nueva sociedad. Portuguéses, paulistas,
negro, indios y otros inmigrantes se mesclaron y formaron
un mosaico cultural. Hasta entonces vigoraba en Brasil la
sociedad rígida de los molinos, con su estructura paralizada
cuyas direcciones eran dictadas por los Señores, principalmente
los de las grandes haciendas de azúcar. La incipiente
y efervescente sociedad minera tenía características
más democráticas, los modelos de conducta no
eran tan rígidos y la ascensión social era más
fácil. Incluso un esclavo, en un bateiada feliz, era
capaz de volverse rico para comprar su libertad. La combinación
de la vida urbana con la actividad mineradora creo nuevas
ocupaciones y desarrollo un nuevo embrión de la clase
media. Son escultores, músicos, troperos, pintores,
carpinteros, sastres, entalhadores, abogados, poetas... Un
Estado Moderno nace en Brasil, con la administración
burocrática, fiscalization y colección de impuestos.
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En esa atmósfera se puso posible la aparición
de un movimiento artístico y cultural sin precedentes en
Brasil. Las villas se volveron en reductos prósperos, donde
floreció una rica arquitectura. Las artes toman impulso y
recuerdan en mucho el renacimiento europeo. Vigoriza mecenato y
maestros como Antônio Francisco Lisboa, el Aleijadinho, y
Manuel que Costa Ataíde encuentran en minas la atmósfera
perfecta para ejercer su genialidade. El Barroco Mineiro (Minando
Barroco) impresiona por su esplendor, su fuerza y dramaticidade.
Es un arte de fervor religioso, teatral y los encuentra en Minas
el paisaje perfecto para establecerse. Principal
| Hablando de Minas
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